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03- Hipertensión arterial

La hipertensión es el principal factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. En más del 90% de individuos hipertensos no se ha encontrado
una causa específica para la elevación de la tensión arterial, estos individuos se considera que tienen una hipertensión primaria.

Existe además otro grupo menor de individuos en los que la causa de la hipertensión está relacionada con problemas renales, endocrinos, vasculares u otros.

La comprensión de la relación entre la dieta y la hipertensión tiene implicaciones muy importantes en la prevención y tratamiento de esta enfermedad, ya que con determinadas modificaciones en la dieta es posible disminuir la cantidad y tipo de medicamentos, particularmente en aquellos pacientes con hipertensión moderada, inclusive mediante modificaciones en la dieta y el estilo de vida puede llegar a eliminarse la necesidad de medicamentos en muchos pacientes. Una dieta adecuada puede prevenir la aparición de enfermedades cardiovasculares y la hipertensión.


Entre la hipertensión y la obesidad se ha encontrado una relación elevada principalmente en los individuos que acumulan grasa corporal en la zona central del cuerpo. El impacto beneficioso de la reducción de peso corporal en el tratamiento de la hipertensión ha sido ampliamente demostrado.

Asimismo, se ha comprobado mediante la observación y también mediante la intervención en programas de salud para hipertensos, que existe una relación entre la presión sanguínea y la ingestión de sal en la dieta y que hay individuos más sensibles al consumo de ésta en su dieta diaria. Se estima que por cada gramo de sal que consumimos se retienen 70 g de agua en nuestro cuerpo, lo que produce sobrecargas de líquidos y hace que el corazón trabaje en exceso.   Es por esto que entre las propuestas para una vida saludable incluidas en las Guías Alimentarias para la población cubana se recomienda utilizar menos sal al elaborar los alimentos y que al menos se comience con “eliminar el salero de la mesa”.

Aunque generalmente el efecto del cloruro de sodio o sal común en la presión arterial se ha atribuido exclusivamente al sodio, hay evidencias que indican que también el cloruro desempeña un papel determinante en el incremento de la presión arterial, en respuesta a altas ingestiones de sal en las comidas.

El sodio generalmente está presente en las comidas en forma de cloruro de sodio, pero algunos alimentos procesados también pueden contener otras sales de sodio como son el bicarbonato y el glutamato.

Entre los factores que pueden influir en la presión sanguínea está reconocido el consumo de alcohol. Los individuos que beben alcohol sistemáticamente (tres o cuatro tomas de alcohol en el día de 14 g de etanol cada una) hay una elevación pequeña, pero significativa de la presión sanguínea con respecto a los no bebedores.
También existen evidencias de que se presenta una asociación entre las dietas altas en grasas saturadas y la presión arterial, y que la mayoría de las poblaciones que tienen niveles bajos de presión arterial, ingieren dietas bajas en grasas y específicamente en grasas saturadas. A su vez, se ha demostrado que altas ingestiones de aceite de pescado disminuyen la presión arterial en individuos hipertensos y que las dietas altas en ácidos grasos de la serie omega 3, presentes en los pescados azules, se asocian con baja presión arterial.

El consumo de sal en exceso es un fenómeno que trajo consigo la “civilización”, nuestros aborígenes cubanos no conocían el uso de la sal hasta la llegada de los españoles. Los alimentos en su estado natural contienen cantidades moderadas de sodio solo para cubrir nuestros requerimientos. Pero, en los alimentos elaborados no es así. Se ha estimado que en tiempos prehistóricos, el consumo diario de sodio era de aproximadamente 690 mg. Sin embargo, el consumo promedio en muchos países es de alrededor de 4000 mg o su equivalente en 10 g de sal, de los cuales se consume 15% en los alimentos, 15% se agrega por las personas y 75% se adiciona a los productos elaborados o industrializados.

La cantidad de sal que se recomienda en la mayoría de las guías alimentarias, incluyendo las cubanas es 2000-2400 mg/día que es equivalente a 1 cucharadita de sal. 

Está demostrado que el consumo excesivo de sal es dañino para la salud, en el caso de los hipertensos se recomienda no exceder diariamente los 2000 mg de sodio o 5 g de sal. En los regímenes medianamente restrictivos de sodio la recomendación es de 1000 mg/día.

Algunos de los alimentos más ricos en sal son: panes y galletas saladas, pescados y mariscos enlatados, embutidos y jamones, quesos, maní salado y productos industriales tales como las salsas de mayonesa, mostaza, tomates y otras, cubitos de caldos y encurtidos.

Las dietas vegetarianas se recomiendan para los hipertensos porque reducen la presión arterial, probablemente debido a que contienen menos grasas saturadas, menos colesterol, mayor cantidad de fibra, ácidos grasos poliinsaturados, vitaminas, magnesio, potasio y calcio.