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05- El huerto orgánico de hortalizas

El cultivo de plantas en patios, huertos o jardines, es casi tan antiguo como los inicios de la agricultura cuando los pobladores de nuestro planeta comenzaron a domesticar las plantas que le servían de sustento, transitando así, desde un modo de vida recolector de los alimentos que les daba la naturaleza hacia estadios superiores de desenvolvimiento. Dejaron entonces de luchar por la subsistencia para alcanzar la calidad de vida superior que les proporcionaba producir sus alimentos y lograr ciertos excedentes que le garantizaran el crecimiento demográfico y el desarrollo social.  Así, los orígenes del cultivo de plantas comestibles como las hortalizas y otras de uso medicinal, tiene una historia de más de 5 000 años.

En los jardines colgantes de Babilonia, vinculados a las primeras culturas mesopotámicas de huertos y jardines, construidos sobre terrazas hacia el año 600 antes de la era cristiana, a diferencia de los que muchos creen, crecían cebollas, pepinos, berenjenas y otras hortalizas. Asimismo, en los jardines egipcios, mucho más antiguos que los de Babilonia, no podían faltar las cebollas aunque se cultivaban también otras hortalizas como los ajos, los rábanos y los melones, plantas medicinales, aromáticas y ornamentales. Por lo general, estos jardines eran espacios cerrados rodeados de paredes o murallas.

La jardinería en huertos, patios y otros espacios, se introdujo en Europa desde Egipto a Grecia durante la época de Alejandro Magno y se fue expandiendo más tarde, a medida que crecía el Imperio romano. La influencia árabe también se hizo sentir con la introducción del islamismo en España.

En los jardines romanos, construidos en las villas rústicas y urbanas como una prolongación de las casas, se encontraban plantas nativas e importadas, entre ellas las hortalizas: coles, ajos puerros, cebollas, lechugas, nabos, pepinos, melones, remolachas, zanahorias y algunas más, plantas aromáticas, medicinales, pequeños árboles frutales y otros cultivos. 

Más adelante, en la Edad Media, no se produjo la proliferación ni diversidad de hortalizas en las mesas de las familias, ni siquiera en las casas de los ricos. Sin embargo, florecen los jardines o huertos en los monasterios, encerrados sobre muros o paredes con setos divisorios y cultivados por los monjes. En estos jardines de estructura geométrica, prevalecían las hortalizas, los árboles frutales y las plantas medicinales.

No es hasta el Renacimiento cuando el consumo de hortalizas toma la importancia que merece y se populariza su cultivo, principalmente en áreas periurbanas donde las familias y los horticultores poseían sus huertos. Los horticultores llevaban sus producciones a los mercados públicos de las ciudades que resultaban centro de grandes atracciones. También se producían hortalizas en los grandes castillos de la nobleza.

Con el Renacimiento surgió también el cultivo de los huertos y jardines como motivo de recreación, de placer y se produjo una mayor diversidad, así se introdujeron combinación de flores, plantas ornamentales, árboles frutales, de sombra, hortalizas, plantas aromáticas y medicinales. 

Hacia finales del siglo XVII, en los jardines del palacio de Versalles se cultivaban numerosas hortalizas como un ejemplo de la popularidad que alcanzaron en el esplendoroso mundo de entonces. 

Pero la historia del cultivo de plantas útiles en patios, huertos y jardines, no se limita al Cercano Oriente, Europa y el Sudeste asiático, sino que, es un hecho conocido que en el continente Americano, en particular en América Central y Sudamérica, se cultivaban las especies autóctonas que más adelante iban a revolucionar en otros continentes la producción agrícola como por ejemplo la papa, el maíz, el tomate y otros cultivos.
 
Quizás entre los ejemplos de los jardines más famosos de América están los de Xochimilco donde los aztecas construyeron dos siglos antes de la conquista de los españoles, sobre lagos, jardines flotantes en islas artificiales o chinampas para cultivar maíz, hortalizas, flores y otras plantas que le servían de sustento o que transportaban a través de canales para su venta en Tenochtitlan.

A partir del siglo XVIII, con el crecimiento de las grandes ciudades, es que alcanzan mayor importancia las hortalizas, para lograr un volumen de producción que les permite pasar del patio familiar al cultivo comercial especializado y convertirse en cultivos económicos que más tarde, con la influencia de la Revolución Verde en el mundo occidental, se mantienen en explotaciones especializadas intensivas. 

En todo este proceso de desarrollo social, que en mayor o menor grado se va produciendo en todos los países del planeta, también aparece un fenómeno que se hace cada vez más patente; por una parte la degradación y contaminación de la tierra en que vivimos y cultivamos los alimentos y por otra parte, la producción de alimentos explotados intensivamente e industrialmente, impregnados con sustancias químicas artificiales que producen daños a la salud de las personas que los consumen y grandes daños ambientales.

Esta situación ha llegado a un punto tal que está permanentemente presente en el orden del día la pregunta ¿podremos alimentarnos todos, saludablemente, sin comprometer el mundo del siglo XXII y las futuras generaciones?. Es, en este orden de cosas, que toma cada día más fuerza y vigencia la agricultura orgánica, es decir, la producción de alimentos sin el empleo de productos artificiales, lo cual no implica volver a las sociedades primitivas ni renunciar a los principales adelantos de la ciencia agrícola.   

El huerto orgánico de hortalizas, especialmente cuando se explota en pequeños espacios de tierra, puede ser cultivado intensivamente y si se añaden los ingredientes de amor, conocimientos e inteligencia, logra ser un espacio muy productivo tanto para los que lo tienen en sus hogares como para los que lo explotan comercialmente. Para las familias que poseen huertos, constituye además, un modo de recreación, el disfrute de un estilo de vida sano y una manera de integración de toda la familia en actividades productivas. Es a su vez, un orgullo para la familia que disfruta trabajando en el huerto, consumiendo y conservando esta producción de alimentos naturales. 

Una explicación de las técnicas de manejo de cada uno de los principios básicos elementales para el desarrollo exitoso del huerto orgánico de hortalizas, evidentemente, no es posible en ese breve espacio. Sin embargo, no podemos dejar de realizar un comentario general, ya que se trata de obtener un máximo de producción con el mínimo de trabajo posible, aprovechando todos los recursos naturales disponibles, tratando de devolver a la tierra y al ambiente todos los recursos que se han extraído en beneficio de los hombres y las mujeres que los disfrutan. 

Un resumen de los principios elementales para el cultivo de hortalizas en el huerto orgánico se puede resumir como sigue:

  • Realizar un diseño del huerto con la utilización de los recursos propios disponibles, orientación adecuada, estructura de los canteros y buena planificación del huerto.
  • Tratamiento restaurador del suelo con abonos verdes, abonos compuestos (“compost”) u otros fertilizantes naturales. 
  • Selección de semillas, posturas sanas y de calidad.
  • Diversidad de plantas.
  • Siembra de cultivos en asociación o plantas acompañantes.
  • Control orgánico de plagas y enfermedades.
  • Fomento de animales beneficiosos protectores del huerto.
  • Utilización racional del agua para regadío.
  • Control orgánico de malas hierbas.
  • Rotación de cultivos.
  • Manejo adecuado de la época de siembra, cosecha, distancias, trasplantes, etc.
  • Registro, lo mejor posible, de los datos de producción e incidencias para analizar y superar deficiencias o excesos.