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13- Alimentación y cáncer

Estudios de prestigiosas instituciones en diferentes partes han asociado los riesgos de contraer determinados tipos de cáncer a condiciones que pueden ser modificadas como los malos hábitos alimentarios, la obesidad, los estilos de vida sedentarios, el tabaquismo y el exceso de alcohol. Se estima que la alimentación está asociada a alrededor del 30% de la prevalencia de cáncer en los países industrializados, y del 20% en los subdesarrollados.

La actividad física reduce los riesgos de cáncer de colon y de mama, y el consumo abundante de hortalizas y frutas es probable que disminuya los de colon, estómago, de la cavidad oral y del esófago.

Los altos consumos de fibra dietética, de pescados azules con alto contenido de ácidos grasos omega 3, de ciertas vitaminas y minerales, así como algunas sustancias bioactivas en hortalizas y otros alimentos de origen vegetal, posiblemente contribuyan a disminuir los riesgos de algunos tipos de cáncer. Una alimentación saludable para su prevención puede contemplar el consumo de:
 

  • Diversas hortalizas y frutas abundantemente, al menos un total de seis a ocho porciones diarias para personas adultas con actividad moderada.
  • Carnes rojas y procesadas industrialmente en pequeñas porciones y de manera limitada.
  • Preferentemente pescados azules y carnes blancas como la de pollo.
  • Mayores proporciones de proteínas de origen vegetal como los frijoles y otras leguminosas.
  • Alimentos ricos en fibra dietética como los cereales integrales, los frijoles y las hortalizas de hoja.
  • Grasas de forma moderada, productos lácteos desgrasados y carnes magras.
  • Cantidades limitadas de conservas o alimentos industriales salados o ahumados.
  • Alimentos nutritivos, y limitar el de alimentos y bebidas «chatarra» como los refrescos artificiales.
  • Alimentos cocinados a bajas temperaturas, sin quemarlos, y limitar los fritos con manteca animal

Una característica de esta enfermedad es la aparición de las complicaciones nutricionales y de otro tipo que pueden sobrevenir en el tratamiento por terapias de radiación, hormonas, quimioterapias, inmunoterapias o combinándolas. Estas terapias por lo general son agresivas y pueden provocar síntomas como pérdida del apetito y peso, anemia, constipación, diarreas y náuseas. Se observa falta de capacidad de ingerir la cantidad necesaria de alimentos y de absorber nutrientes que repercute en cansancio y agotamiento. Se recomienda a las personas con tratamiento de cáncer un régimen de alimentación que posibilite prevenir en lo posible los efectos secundarios de los tratamientos que provoquen deficiencias nutricionales, ya que la anorexia con ingestión insuficiente de proteínas y calorías es el padecimiento más frecuente entre estos pacientes. La malnutrición en los enfermos de cáncer puede generar la caquexia con enflaquecimiento y desgaste físico; por lo tanto, una buena alimentación posibilita mejor comportamiento durante el tratamiento y mejores pronósticos.