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09- Enfermedades de la civilización

Los seres humanos, todos lo sabemos, somos los únicos seres vivientes que elaboramos o cocinamos los alimentos que ingerimos, y esa acción, que a todos nos parece ahora sencilla y natural, fue de una trascendencia monumental. En ese momento la alimentación comenzó a ser al mismo tiempo que una necesidad biológica elemental e instintiva de subsistencia a partir del entorno natural, una acción más consciente que produce además, satisfacción o placer y que va tomando dimensiones sociales, culturales, económicas, afectivas, religiosas, sicológicas, comerciales y otras que nos alejan inconscientemente de esa primera necesidad vital que es mantener el funcionamiento saludable del cuerpo humano mediante la ingestión de alimentos apropiados a la constitución de nuestro organismo.

Todos coinciden en afirmar que el inicio y desarrollo de la agricultura y la cría de animales resultó ser posiblemente el evento más trascendental de la historia de los seres humanos cuando éstos dejan de ser simples beneficiarios pasivos de su entorno natural para convertirse en transformadores activos y más adelante en predadores.

Con el desarrollo de las prácticas agropecuarias y el cambio de recolectores-cazadores en productores, las personas comenzaron a tener excedentes de alimentos, lo que les posibilitó comenzar el camino del sedentarismo, el crecimiento demográfico, el asentamiento en poblaciones con un urbanismo aparatosamente creciente, la división de las sociedades en clases, las formas de gobierno cada vez más jerárquicas, el comercio, la industria, novedosas tecnologías y todo lo que trajo consigo el proceso del florecimiento de las civilizaciones: revoluciones agrícolas, tecnológicas, industriales, culturales, sociales y otras.  

Ahora, ¿qué ha significado para la humanidad en términos de la dieta, la alimentación y la salud la producción de los alimentos que se fueron produciendo en las sociedades más civilizadas? Por una parte, el estilo de vida sedentario y el aumento de la densidad de las poblaciones en pueblos y ciudades, en un hábitat artificialmente creado, trajo consigo el incremento de las enfermedades infecciosas y parasitarias. Pero, a partir de la segunda mitad del siglo XX con el desarrollo de las ciencias médicas, farmacéuticas y de mejores políticas públicas, principalmente en los países de mayor grado de desarrollo, se produjo una reducción  de manera importante en la incidencia de estas enfermedades. Sin embargo, se refiere que aparentemente las diferentes revoluciones del mundo, que inventaron y desarrollaron la agricultura y después su carácter tecnológico e industrial, produjeron un retroceso en cuanto a los indicadores de la alimentación humana que solamente comenzó a recuperarse en algunas regiones del mundo en los albores del siglo XX.

Existe consenso entre científicos y antropólogos en la tesis elaborada a partir de datos de estatura y nutrición como indicador del estado alimentario de las poblaciones, unido a síntomas de anemia, mortalidad y deformaciones óseas de los esqueletos encontrados de las sociedades primitivas de recolectores-cazadores o de agricultores sedentarios, que indican que la estatura de los seres humanos comenzó a disminuir con la transición de colectores-cazadores a agricultores sedentarios, llegando a un límite mínimo en el siglo XIX. Solo fue en el siglo XX que comenzó en los países occidentales más desarrollados a aumentar la talla de hombres y mujeres al tamaño de sus antecesores de 10 000 a 25 000 años atrás.

El cambio que se produjo en la humanidad al transitar de una dieta variada donde predominaban los alimentos de origen vegetal unido a las carnes de diferentes animales silvestres, terrestres y acuícolas, evidentemente sufrió una transición radical. La introducción de los cereales y sus derivados que más tarde fueron inclusive sometidos a procesos de refinación, así como los animales domésticos criados para producir carne, pero con otras características en su composición que difería de la composición corporal los animales silvestres, así como la producción de leche y también de huevos que eran desconocidas, comenzaron a constituir la dieta principal de los seres humanos y produjo efectos impredecibles en la salud de las personas. Otros efectos vendrían después, principalmente a partir de la segunda mitad del siglo XX y el siglo XXI.

En resumen,  al parecer, los humanos no pudimos adaptarnos muy bien a las comidas que surgieron con el cultivo de cereales, la domesticación de animales y mayores consumos de leche.    

La pregunta es qué hemos alcanzado con todo este desarrollo histórico en términos de bienestar y salud, sin afectarnos a nosotros mismos ni al mundo que debemos legar a las futuras generaciones. ¿Cómo alimentarnos y que significa una alimentación saludable, sin restricciones ni prohibiciones que incorporen o tengan en cuenta las funciones sociales, culturales y tradicionales que en la actualidad presentan los alimentos? ¿Cómo con una cultura alimentaria y culinaria, sin miedos, restricciones o extremismos innecesarios es posible comer saludablemente para disfrutar de los sabores de los alimentos, pero sin adquirir o predisponernos a enfermedades? En fin, cómo practicar un estilo de vida, una ética y alcanzar una cultura que deje de convertirnos en depredadores de nuestro planeta por la acción de producir, elaborar y comercializar los alimentos que consumimos.

Las enfermedades llamadas de la civilización, han venido prevaleciendo en los países desarrollados o en países que han alcanzado niveles de desarrollo en sus políticas de salud, lo que les ha permitido una disminución en la prevalencia de enfermedades infecciosas, por deficiencias nutricionales debidas a carencias de proteínas y energía en la dieta, por la disminución de la mortalidad infantil y por una prolongación de la esperanza de vida. En la década de los años 50, la expectativa de vida de hombres y mujeres se incrementó desde 46 años hasta 64 años y una gran parte de ese incremento se debió al descubrimiento y aplicación de los conocimientos en las biociencias, incluyendo la Nutrición.

Las enfermedades de la civilización tienen la característica de que muchas de ellas cursan lenta y silenciosamente, se van haciendo crónicas, sin grandes molestias aparentes, hasta que a más largo plazo acaban con la vida o producen incapacidades que nos hacen perder calidad de vida y envejecer prematuramente.

Estas enfermedades, por lo general son potencialmente prevenibles y están relacionadas con malos hábitos alimentarios, estilos de vida inadecuados y sedentarios, así como una inapropiada adaptación armónica a los cambios en el entorno ecológico y socioeconómico. Entre estas enfermedades predominan la ateroesclerosis, enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2, cáncer, hipertensión, obesidad, enfermedades hepáticas crónicas, nefritis o enfermedades renales crónicas, osteoporosis, enfermedades del sistema digestivo y muchas otras.

Una de las evidencias más importantes de la presencia actual de las enfermedades de la civilización es el análisis de la evolución de las causas de muerte en algunos países. Se refiere que mientras en los primeros años del siglo XX solo alrededor de 20% de las muertes eran ocasionadas por enfermedades cardiovasculares y el cáncer, en la actualidad esta cifra asciende a 70%. 

Una manera de prevenir estas enfermedades es mediante la práctica de hábitos saludables de alimentación con el consumo abundante de dietas equilibradas y el predominio de frutas, vegetales, disminución del consumo de azúcar, evitando el exceso de grasas sobre todo las de origen animal y el consumo de alimentos que nos engordan, pero no nos nutren. Esto, unido a un estilo de vida sano que evite el sedentarismo.

Tomado del Libro “Cómo Alimentarnos Mejor vol 2. Prevención y manejo dietético de enfermedades”. Vilda Figueroa, Olimpia Carrillo y José Lama. Editorial: Proyecto Comunitario Conservación de Alimentos. La Habana. 2008.