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07- Las comidas llamadas “rápidas” y las conocidas como “basura “ o “chatarra”

Los alimentos constituyen una necesidad biológica básica para nuestro organismo. Así, desde épocas muy tempranas, hombres y mujeres aprendieron a nutrirse primero con los alimentos que le ofrecía su entorno natural y más tarde con los alimentos que ellos mismos producían y elaboraban a partir de la domesticación de plantas y animales. En ese acontecer histórico, muy pronto aprendieron, a través de continuas prácticas y observaciones, cuáles eran las fuentes seguras que les posibilitaba vivir sin riesgos de intoxicaciones, enfermedades y muertes producidas por las comidas que ingerían.

De esta manera, se fueron seleccionando y combinando los mejores alimentos y se fueron introduciendo procedimientos de elaboración y conservación. Asimismo, se fueron identificando alimentos que presentaban propiedades curativas y diferentes sustancias naturales que impartían sabores, colores y aromas más agradables a las comidas. Ejemplos de este proceso de aprendizaje sobran, pero quizás el más cercano a nosotros los cubanos sea la preparación del casabe, alimento básico de nuestros aborígenes que se preparaba a partir de la yuca amarga con alto contenido de ácido cianhídrico, veneno que era eliminado por el calor en el proceso de su fabricación.

Sin embargo, en el mundo contemporáneo, todo ha cambiado, las personas dedican y aspiran a dedicar cada día menos tiempo a la elaboración de los alimentos y la rapidez que imponen a su estilo de vida, eminentemente urbano, repercute a veces negativamente en su nutrición. Se están imponiendo en el mundo las “comidas rápidas”, ya sea consumidas en las calles, en cafeterías, restaurantes o adquiridas en diferentes mercados. Pero, lo que es peor, se consume en grandes cantidades la comida llamada “basura” o “chatarra”. De manera que la alimentación se convierte actualmente en un fenómeno muy complejo que se aleja cada día más de sus fines biológicos, a pesar de que en la selección y preparación de los alimentos que consumimos está en juego nuestra vida y nuestra salud.

El estado de salud también ha evolucionado favorablemente en el transcurso de los años. Los indicadores de mortalidad en el mundo han disminuido sustancialmente, las enfermedades infecciosas también, y las deficiencias nutricionales que antes ocasionaban grandes pérdidas humanas, como el escorbuto y otras, han disminuido. Recordemos, por ejemplo, que las plagas mataron 40% de la población europea por los años 1380 y la redujo a la mitad a finales del siglo XII.

No obstante, otros problemas de salud, relacionados con la nutrición y los malos hábitos alimentarios acechan en todo el mundo, incluida Cuba, aunque nuestro  sistema de salud esté altamente desarrollado y reciba alta prioridad del Estado. Estos problemas de salud deben ser motivo de preocupación de todos porque están relacionados con nuestra dieta diaria y constituyen factores que inciden en las principales causas de muerte de la población. Queremos prolongar los años de vida, pero con salud y sin arrastrar enfermedades crónicas que impidan disfrutar plenamente nuestra existencia.

Por lo tanto, se necesita ahora, al igual que antaño, pero de modo diferente, aprender de nuestros errores para no intoxicarnos y envenenarnos de manera silenciosa y solapada, a corto, mediano y largo plazo, producto de una mala selección de los alimentos que consumimos. Se requiere conocer qué alimentos comemos y preocuparnos por buscar la información existente para alimentarnos mejor.

¿Qué es la comida rápida? Se ha dado por llamar comida rápida a las comidas que se consumen fuera de la casa en diferentes establecimientos y que son de rápida preparación y rápido consumo. Este tipo de comida se ha desarrollado vertiginosamente con el crecimiento de la urbanización y sus consecuencias, y el término responde a una traducción literal del inglés de las palabras “fast food”. Para tener una idea de la proliferación que tiene el consumo de comidas rápidas, diremos, por ejemplo, que ya por los años 1990 solo 15% de las familias norteamericanas cocinaban y comían regularmente en su hogar y la población gastaba 97 000 millones de dólares en comidas rápidas.
   
Las comidas rápidas más populares, gran número de las cuales han sido desarrolladas fundamentalmente por las grandes transnacionales de las cadenas de alimentos, son las hamburguesas, perros calientes, pollo y papas fritas, bocaditos y sándwiches, pizzas, espaguetis, frituras, pastelerías, confiterías y otras.

La comida rápida se caracteriza por su falta de variedad, por la falta de balance nutricional y, en particular, por la ausencia o presencia en muy pequeña cantidad de productos naturales tales como frutas y vegetales, por el exceso de grasa principalmente de origen animal, exceso de sal, exceso de azúcar y exceso de aditivos químicos. Por otra parte, los vendedores y productores, en particular los industrializados, en la búsqueda de mayores rendimientos que le aporten ganancias, utilizan extensores alimenticios sustitutos de sustancias naturales Esto incide en el valor nutricional del producto, que el consumidor desconoce y que considera tiene el alimento que está consumiendo.

El peligro del abuso de comidas rápidas estriba en acostumbrarnos a la falta de variedad en el consumo diario de alimentos, a ingerir una dieta desequilibrada y a consumir en exceso productos energéticos con la amenaza diaria del sobrepeso, la obesidad y un sin número de enfermedades crónicas.  

Las comidas rápidas en los países subdesarrollados, tienen una repercusión global de gran trascendencia. Presentan la característica de que mayoritariamente están compuestas por alimentos que se venden en la vía pública, principalmente cerca de los centros de trabajo, escuelas, hospitales, terminales de autobuses y de ferrocarril, así como en otros lugares importantes de las ciudades. Son alimentos económicos para el consumidor, requieren del vendedor individual una inversión poco costosa, y que proporciona trabajo remunerado, en especial a las mujeres  y las familias.

Estas comidas, tienen repercusiones nutricionales importantes para los consumidores, en especial, los provenientes de sectores de bajos y medios ingresos que hacen de estos productos, su alimentación diaria. Basándose en la información disponible, en una reunión de expertos FAO, se opinó que comiendo una combinación de estos alimentos, los consumidores cubrían las necesidades diarias básicas de alimentos a precios asequibles. La reunión reconoció la importancia socioeconómica, cultural y nutricional de la venta ambulante de alimentos y sus beneficios. Sin embargo, señaló la necesidad de aplicar regulaciones e inspecciones específicas para mejorar la infraestructura de la venta ambulante de comidas, las condiciones sanitarias y su inocuidad. Así como, la necesidad de aplicar tecnologías apropiadas para la manipulación y elaboración de los alimentos con el objetivo de conservar su valor nutricional y la higiene.

Pero, la comida rápida, hace años que no sólo los vendedores particulares la ofertan, sino que es también un negocio muy lucrativo de  las grandes empresas  millonarias transnacionales comercializadoras de alimentos como la Mac Donald, la ofrecen en atractivos envases, platos y con una formidable, sistemática y extensa publicidad a escala mundial, a través de todos los medios de difusión, radio, televisión, cine, prensa, vallas, plegables y otros.

Por otra parte, la comida llamada “basura” o chatarra”, no es igual a la comida rápida, es lo peor de lo peor, también proviene del inglés: “junk food” y tiene  características que la diferencian de la “comida rápida”. Si nos preguntaran ¿qué es la comida “basura” o “chatarra”?, pudiéramos describirla de la manera siguiente:

Contienen pocos o ningún nutriente.

  • Contienen colorantes y otros aditivos químicos artificiales que pueden causar daño a nuestra salud.
  • Contienen exceso de sal
  • Contienen exceso de azúcar o edulcorantes artificiales.
  • Contienen exceso de grasas. 
  • Son engañosas al paladar, muchas contienen potenciadores del sabor como el glutamato de sodio y pueden crear hábitos de consumo.
  • Se presentan en envases no siempre apropiados que contaminan el medioambiente, por su  difícil degradación.

La comida “chatarra” está presente en todos los países, donde las transnacionales que producen y comercializan alimentos, han logrado globalizar y universalizar la producción y distribución en masa de estos productos, apoyados también por los medios masivos de comunicación como la televisión. Se ha referido que un niño norteamericano al llegar a los 12 años de edad, ha consumido más de 2 kg de los colorantes artificiales que son empleados por los fabricantes de comidas “chatarra” en sus productos  donde los principales consumidores son los niños y están continuamente bombardeados por la propaganda de la TV.

Estos alimentos “chatarra”, también proliferan en los países subdesarrollados que con menos exigencia y regulaciones, en la búsqueda de dinero fácil, son más flexibles en las medidas que propician  su venta. Uno de los mayores peligros de la penetración de la comida “chatarra” en los últimos 50 años, es que ha ido cambiando los hábitos alimentarios de muchísimas personas en los países del tercer mundo. La inexistencia de información no comprometida y desinteresada, conduce a veces a una madre latinoamericana a comprar para sus niños una lata o botella de Coca Cola o un paquete de cualquier fritura envasada, en vez de comprar una fruta, o preparar alimentos más baratos como un jugo natural o comprar una ración de leche o yogur.

¿Cuáles son los productos “chatarra” más populares que desgraciadamente, se están expandiendo e incorporando en los hábitos alimentarios de nuestro país y de muchos países?: los refrescos instantáneos granulados, refrescos gaseados embotellados, cuadritos o caldos con sabor a pollo o carne de res, frituras empaquetadas, sopas instantáneas, caramelos, derivados de cereales repletos de grasa y sal y otros. Estos productos pueden constituir un producto variado ocasional, pero no un alimento diario, que no lo son.

Los refrescos instantáneos o los embotellados que solo contienen colorantes artificiales, azúcar u otro edulcorante, ácido cítrico y en algunos de ellos cafeína, son demandados no solamente por los adultos sino aceptados con gusto por niños y jóvenes que prefieren su consumo, constituyendo así un sustituto inadecuado de frutas y jugos naturales. A su vez, los “caldos” de pollo o de carne de res, tan populares que aparecen inclusive en algunos libros de recetarios de cocina, se elaboran principalmente a base de sazonadores artificiales, potenciadores del sabor y sal, cuya concentración rebasa 15 g por litro. Es decir, cuando consumimos 2 tazas de este caldo o comidas elaboradas con el producto, estamos ingiriendo 7½ g de sal, equivalente a 1½  cucharadita. Por lo tanto, estos productos deben utilizarse limitadamente, como lo que son, potenciadores del sabor y no sustituto de un caldo de huesos, o alas de pollo, ni de la cebolla, ajo, ají y otras especias naturales para la elaboración de un buen caldo, una buena sopa o un sabroso arroz con vegetales.

Lo más triste de todo esto es que las consecuencias del abuso en el consumo de estos productos “basura o chatarra”, se nos hace imperceptible a corto plazo y desconocemos o subestimamos sus efectos, su repercusión en nuestra salud no está en nuestras conciencias.